Como si pudiera llamarse de otra manera. Tratándose de Frankie... Mirar por el retrovisor, ver el polvo del camino levantándose, experimentar el sol como una quemadura que se expande por la pampa y nos abrasa con ella. Subir el volumen de la radio. "Es Sinatra," dice ella. Después se reclina, cierra los ojos. Yo llevo las manos en el volante, pero quisiera ponerlas sobre ella, la de los ojos cerrados. "You are my way of life / The only way I know..." Frankie. "Nunca te dejaré ir." "¿Qué?" Los ojos cerrados. La pampa se mueve del otro lado de la ventanilla. Se mueve hacia atrás a cien kilómetros por hora. Del otro lado no viene nadie. Nadie tampoco en las orillas. Nadie al fondo del retrovisor, ni más allá. Es un planeta desolado. Es un alma en pena que por momentos enseña sus espejismos, ráfagas de luz torciéndose como espejos diluidos. Subo el volumen. Ella, los ojos cerrados, es la única forma que vale la pena recordar para siempre. Si el recuerdo existe como yo creo, y su forma es verdadera como la pampa o la velocidad, que nada entonces se pierda. Que no se pierdan sus párpados quietos como palomas en las cornisas, o como argumentos para negar el agua a un sediento. Frankie, su voz metiéndose en nosotros sin llamar a la puerta. Enamorándome de una mujer que él no conoció, pero que hubiera deseado con todo su ser. ¿He dicho eso? ¿Lo he pensado? ¿De verdad lo he dicho? Al fondo, el camino forma ese punto en el que las paralelas de la berma se tocan. Como nosotros esa tarde y esa noche, con el tocadiscos encendido, la misma canción, el mismo Frankie. "I don't need the crowd at my door..." Con los rayos del sol tardío atravesando las cortinas, rayos cobrizos, acusando al polvo de estarse quieto en la sala y observándolo todo. "¿Qué diría?" "Quién, por Dios." Los ojos cerrados, la pampa retrocediendo devorada por el pasado que es un vórtice que nadie nota. Nosotros alejándonos a toda velocidad, ciento veinte kilómetros por hora, para que no acabe con nosotros como acaba con ella, la pampa. "...all I need is you..." "Querida." "Qué." Es todo lo que dice. Son sus labios, me pregunto, o su pelo negro, abundante, lleno de brillos. O sus manos quietas sobre la falda. La idea de que puede dormir, aunque bien pudiéramos estrellarnos con la nada que nos rodea por todos lados. Somos el centro de algo que no comprendemos. Un silencio que las palabras se quisieran cualquiera tarde de estas. "Never let you out of my sight / Be it day, be it night." Y todo se reduce a sus manos quietas, a la forma que adopta su blusa, al movimiento fijo de sus aros, a sus párpados cerrados, Frankie. Frankie, ¿me oyes, verdad?
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